¿Qué estás haciendo en una iglesia? - ¿Por qué has venido aquí? - ¿Cuáles son los motivos de tus acciones dentro y fuera de la congregación?

¿Cuáles serían las respuestas que recibirías de los miembros de tu iglesia sobre estas preguntas?

Encontramos organizaciones, iglesias y pastores que independientemente de tener claro o no su visión y misión, comienzan a fallar en la práctica, en lo que se hace como iglesia colectiva e individual.

Construir un entorno adecuado para las reuniones dominicales, crear programas de estudio bíblico en grupos pequeños y tener tiempos de oración son cosas muy importantes para la vida de la iglesia, sin embargo, encontramos fuertes carencias en los comportamientos individuales de los creyentes y podría ser que un vacío total en las respuestas a las preguntas que hicimos al principio.

La parte más difícil para un líder en este tiempo consiste en confrontar los comportamientos y lograr que la gente se quede.  Pareciera que las personas de esta época son demasiado sensibles, fácilmente si resienten y simplemente cambian de iglesia, por lo que muchos pastores y líderes le temen a la confrontación.

Específicamente en los últimos 20 años que me he dedicado al entrenamiento de líderes tanto a nivel secular como eclesiástico, he notado que uno de los mayores temores que albergan en sus corazones es el miedo a confrontar.

Confrontar actitudes y comportamientos, meterse en la vida de alguien y que esta persona quede agradecida y te busque constantemente para que le ayudes a hacer una auditoría de su vida, es realmente una de las mayores fortalezas que un líder puede tener.

He encontrado que existen dos disciplinas que siendo bien aplicadas pueden constituirse herramientas muy útiles para alcanzar este objetivo de intervenir las conductas de la gente de una forma sana, no invasiva y con un alto nivel de efectividad.

También he podido descubrir que ambas disciplinas estaban claramente definidas en la forma en que el Señor Jesús actuaba con las personas y discípulos, me refiero al mentoring y al coaching.

Estas dos diciplinas, aun cuando son diferentes una de la otra, contienen elementos comunes que les permiten actuar juntas y lograr impactar el comportamiento de las personas, es como si habláramos de las dos caras de una misma moneda.

Mientras que el mentoring impacta desde la trasmisión del ADN de un líder, el coaching permite que la persona se autodescubra y genere los cambios para convertirse en la persona que debería estar siendo.

Hay un dicho que atribuyen a Einstein el cual dice: “El principio de la locura es querer obtener un resultado diferente, haciendo lo mismo”

 Constantemente veo líderes aferrados al mismo método por años aun cuando saben claramente que no les está dando resultados.

Te invito a conocer y probar la aplicación de las disciplinas del coaching y mentoring a la hora de ejercer tu liderazgo hacia las personas, estoy totalmente seguro de que serán de gran utilidad para confrontar y corregir las actitudes y las conductas.

 

Lic. Adrián Rojas

Certified Master Coach

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